lunes, 27 de febrero de 2012
Pesa todo lo vivido pese a todo
Pese a todo, lo vivido pesa. Y aunque creía que mis instintos más básicos eran capaces acabar conmigo, ahora sé que no. Sigue habiendo esencia en mí, algo que ni la sensación más salvaje e irracional puede llegar a ocultar, simplemente necesito indagar en ella, y ya sé cómo. Simplemente déjame tiempo.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Sabes el qué, pero no sabes el cómo
Es un pensamiento que lo inunda todo, cada paso que das está ahí, observándote y tú mirándole de reojo. Un cóctel de emociones más potente que la bomba nuclear: ansiedad, náuseas, nerviosismo, vergüenza, ilusión, novedad, y, sobre todo, pasión; esa que estaba perdida, como nunca antes la habías imaginado, irracional y omnipotente que necesita consumirse con las ansias de un drogadicto en su tercer día de mono. Así que, ya sabes, ven a por mí.
viernes, 3 de febrero de 2012
El rompecabezas de muchos
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba sus días en su laboratorio en busca de respuesta para sus dudas.
Cierto día, su hijo de seis años invadió su santuario, decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo:
- Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie.
Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente:
- Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.
Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?
– Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, cómo lo lograste?
– Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, ví que del otro lado estaba la figura del hombre. Así, que dí vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, dí vuelta a la hoja y ví que había arreglado al mundo.
Gabriel García Márquez
Cierto día, su hijo de seis años invadió su santuario, decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo:
- Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie.
Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente:
- Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.
Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?
– Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, cómo lo lograste?
– Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, ví que del otro lado estaba la figura del hombre. Así, que dí vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, dí vuelta a la hoja y ví que había arreglado al mundo.
Gabriel García Márquez
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