Nada de lo que se veía era tan perfecto, era una cuestión de esperar a entender aquello que las pupilas dilatadas no te dejaban ver.
En ocasiones necesitamos una pausa, ese momento ha llegado. Stop. Un minuto de silencio por todos los planes que quedarán siempre por vivir. Respira profundo, lento pero sobre todo no pares de hacerlo. Coge papel y lápiz porque toca reescribir el guión. Con el estribillo constante, que ya nadie más te podrá quitar,
no eras tú.