lunes, 18 de diciembre de 2017

Yo ya tengo una estrella

Al principio estaba vergonzosa, no sabía cómo empezar. Era aparentemente sencillo pero no era capaz de comenzar. Se decía a sí misma "venga, ahora, sí, sí, ¡ahora!". Pero nada. Silencio. 

Entonces empezó a sonar esa canción, "empezó" a sonar por tercera vez consecutiva:
Y en ese momento salió. Sonó tan fuerte, sonó tan roto. Sonó tan rota. Gritó tan fuerte que se avergonzó de nuevo. Se toco el pecho, como dudando aún de si ese sonido había salido realmente de sus entrañas. Miró a su alrededor para ver si nadie la observaba. Nadie, estaba sola, igual que se sentía.

La canción habló por ella, lo sabía de hace tiempo pero no quería escuchar. Tal vez hoy era diferente (o eso creía). Tal vez, tal vez, tal vez...



miércoles, 2 de agosto de 2017

La Batalla de Roatán

Casi un año después, el círculo regresa al mismo punto...

Parece que si no sangras, no duele.

Parece que si no gritas, no vienen.
Parece que si no te caes, no es importante.
Parece que si no lo enseñas, no existe.
Parece que si no lo nombras, no es.
Pera aunque no lo digas, te va a seguir sucediendo.
Sencillamente se va acumulando en ti, hasta hundirte con ello.
¿ Y ahora? ¿En qué lugar del cuerpo se pone la tirita cuando lo que te duele es el mundo?


Después de tanto dolor, tanta peste a mi alrededor, no encuentro otras palabras mejores que las de Hemingway para entender, no sé si dónde hay que poner la tirita, pero al menos sí como hacerlo:



Trata de aprender a respirar profundamente 

a saborear la comida cuando comes

y, cuando duermas, a dormir como un tronco.

Intenta estar vivo de verdad

con todas tus fuerzas,

y cuando rías, ríe hasta partirte de risa.

Y cuando te enfades, enfádate bien.

Trata de estar vivo.

Porque ya estarás muerto suficientemente.


Y de fondo, como no, la banda sonora que augura el final de la batalla, el naufragio. Nos hundimos con toda la flota: