Parece que si no sangras, no duele.
Parece que si no gritas, no vienen.
Parece que si no te caes, no es importante.
Parece que si no lo enseñas, no existe.
Parece que si no lo nombras, no es.
Pera aunque no lo digas, te va a seguir sucediendo.
Sencillamente se va acumulando en ti, hasta hundirte con ello.
¿ Y ahora? ¿En qué lugar del cuerpo se pone la tirita cuando lo que te duele es el mundo?
Después de tanto dolor, tanta peste a mi alrededor, no encuentro otras palabras mejores que las de Hemingway para entender, no sé si dónde hay que poner la tirita, pero al menos sí como hacerlo:
Trata de aprender a respirar profundamente
a saborear la comida cuando comes
y, cuando duermas, a dormir como un tronco.
Intenta estar vivo de verdad
con todas tus fuerzas,
y cuando rías, ríe hasta partirte de risa.
Y cuando te enfades, enfádate bien.
Trata de estar vivo.
Porque ya estarás muerto suficientemente.
Y de fondo, como no, la banda sonora que augura el final de la batalla, el naufragio. Nos hundimos con toda la flota: