Érase una vez en un lugar muy cercano, vivía una Reina. Ella era la Reina de la ilusión, de las historias interminables, de los despistes, del desorden y sobre todo de la impuntualidad. En su reino todo iba sobre ruedas, los relojes a fin de cuentas siempre corrían a su favor. Un buen día algo quebró y los tiempos previamente marcados desaparecieron, los límites establecidos se desvanecieron. Sin saber muy bien cómo ni por qué la Reina comenzó a andar en círculos creyéndose que en realidad avanzaba en alguna dirección. Cuando entendió su error, se dio cuenta que por primera vez para algo en su vida era demasiado tarde. Y ahora aquí la tienen, ironías de la vida la Reina de la impuntualidad lleva esperando más tiempo del que jamás habría podido imaginar que algún suceso mágico y desconocido le devuelva su ordenado caos anterior. Lo que nos preguntamos todos es,
jueves, 25 de diciembre de 2014
martes, 16 de diciembre de 2014
¿Y si en lugar de querernos tanto probamos a querernos bien?
Demasiadas son las cosas que tengo que explicar y no sabría por donde empezar, es algo como una sensación de un viaje del que nunca debimos regresar. Un día tras otro la vida te golpea, algún día da en el moratón del anterior y duele más, otros innova el lugar y parece más llevadero. Golpe tras golpe juras que al día siguiente lo esquivarás, pero en el fondo sabes que de alguna forma te volverá a dar: han pasado 330 días así, ¿qué hará al 331 especial?
La culpa se come los bordes de tu tiempo, y los pensamientos se revuelcan unos sobre otros, todos sobre ti. Por qué cuanto más te esfuerzas en olvidar más recuerdas. Repetir cada noche esas noches que ya no se van a repetir. Te ves queriendo huir sin un lugar donde caer, y ya no vale caminar ciego, porque ya no miras.
La culpa se come los bordes de tu tiempo, y los pensamientos se revuelcan unos sobre otros, todos sobre ti. Por qué cuanto más te esfuerzas en olvidar más recuerdas. Repetir cada noche esas noches que ya no se van a repetir. Te ves queriendo huir sin un lugar donde caer, y ya no vale caminar ciego, porque ya no miras.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Vuelta atrás
Hay historias que rasgan el alma, te agarran el corazón y se quedan ancladas en él de una forma más violenta aún a como entraron. Esas historias pasan una vez y no dos. Una sola. Simplemente porque toman todas tus fuerzas y te deja sin nada para continuar. Se vuelven tóxicas y te devoran por dentro, porque el problema es que al final termina solo uno de los personajes viviendo en ellas. Uno solo. Por que de no ser así, estaríamos hablando de otra clase de historias, de historias felices, y estas historias, de las que os hablé ayer, os hablo hoy, y por desgracia os hablaré mañana, en absoluto lo son.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Tell me if you wanna come home
And you have broken every promise that we made
And I have loved you anyway
Took a fine time to leave me hangin' out to dry
Understand now I'm greivin'
So don't you waste my time
Cause you have taken
All the wind out from my sails
And I have loved you just the same
And I have loved you anyway
Took a fine time to leave me hangin' out to dry
Understand now I'm greivin'
So don't you waste my time
Cause you have taken
All the wind out from my sails
And I have loved you just the same
sábado, 28 de junio de 2014
Is it by mistake or design
Todo pasa por algo, hay personas que se conocen en el “momento equivocado” para más adelante reencontrarse en el momento perfecto, y hay amores equivocados que llegan en el momento perfecto para enseñarte algo, darte una lección de vida y entonces comprendes que cada persona llega justo en el momento que tiene que llegar. En el momento idóneo para empezar de nuevo o cerrar el libro y darte cuenta de que necesitas leer otro género; en el momento perfecto para aprender algo, en el momento clave para conocerte un poco más, porque al fin y al cabo, el único, la única que importa, eres tú.
martes, 27 de mayo de 2014
Locked into pages II
Él no regresaba. Llevaba (o parecía) horas, días, semanas esperándole en ese sofá, a que volviese junto a ella. No quería dejar lo suyo allí e ir en su busca, pero al fin y al cabo era la decisión que tenía que tomar, sino se quedaría estancada como el polvo de aquella habitación en un espacio temporal inexistente, en la nada.
Al fin, apoyó los pies en el frío y húmedo suelo. 1, 2, 3... Arriba valiente. Había llegado el momento de dejar apartado el pasado en esa salita, había llegado el momento de volver a creer.
Abrió la puerta entre miedosa y emocionada, ¿dónde estará él? Era el motor, la fuerza, la ilusión, la esperanza que siempre se recupera, y eso era exactamente lo que necesitaba, recuperarle. Siguió caminando por el largo pasillo, pero desde donde estaba ella solo se veía oscuridad, ni un ápice de luz. Aquel pasillo cada vez se hacía más interminable, y todo aquello por lo que no se había decidido antes a dar ese paso, estaba de nuevo aflorando. Algo le decía que si no lo había sentido desde el corazón, todos sus razonamientos eran solo engaños para sus entrañas, o tal vez no. Y el beneficio de la duda y la necesidad de cambio fue lo que le hicieron intentar avanzar.
- Si tiene que ser por alguien, tiene que ser él- se repetía. Y así, entre dudas, miedos e ilusión llegó al final del pasillo.
El suelo acababa, aunque el espacio no. Miró a todos lados, pero nada, no había ni rastro. Entonces se dio cuenta del error que había cometido, había salido sin nada, lo había dejado todo por él, se había vendido en cuerpo y alma sin garantías, solo por sentimientos y palabras encantadoras que terminaron por convencer al razocinio. Ahora ya era tarde para volver, apunto de derramar la primera lágrima...
- ¡Ey! ¡Ey! ¡Aquí!
Era su voz. Sí, sin duda lo era. Y con tal simplicidad, todas las inseguridades de unos minutos atrás se volvieron a su cuerpo junto con las lágrimas que aún no había llorado.
Estaba ahí abajo, lejos, pero ahí estaba, con su mejor sonrisa como siempre, esa sonrisa que devolvía la vista a los ciegos y cegaba al mismo tiempo.
- Venga, salta, valiente.
Estaba allí, al borde del precipicio, saltar era fácil, aunque seguía siendo arriesgado. Tomó aire. arrastró los pies lentamente. Le miró. Y saltó, o más bien se dejo caer, con la sensación de seguridad de que él la recogería.
Al fin, apoyó los pies en el frío y húmedo suelo. 1, 2, 3... Arriba valiente. Había llegado el momento de dejar apartado el pasado en esa salita, había llegado el momento de volver a creer.
Abrió la puerta entre miedosa y emocionada, ¿dónde estará él? Era el motor, la fuerza, la ilusión, la esperanza que siempre se recupera, y eso era exactamente lo que necesitaba, recuperarle. Siguió caminando por el largo pasillo, pero desde donde estaba ella solo se veía oscuridad, ni un ápice de luz. Aquel pasillo cada vez se hacía más interminable, y todo aquello por lo que no se había decidido antes a dar ese paso, estaba de nuevo aflorando. Algo le decía que si no lo había sentido desde el corazón, todos sus razonamientos eran solo engaños para sus entrañas, o tal vez no. Y el beneficio de la duda y la necesidad de cambio fue lo que le hicieron intentar avanzar.
- Si tiene que ser por alguien, tiene que ser él- se repetía. Y así, entre dudas, miedos e ilusión llegó al final del pasillo.
El suelo acababa, aunque el espacio no. Miró a todos lados, pero nada, no había ni rastro. Entonces se dio cuenta del error que había cometido, había salido sin nada, lo había dejado todo por él, se había vendido en cuerpo y alma sin garantías, solo por sentimientos y palabras encantadoras que terminaron por convencer al razocinio. Ahora ya era tarde para volver, apunto de derramar la primera lágrima...
- ¡Ey! ¡Ey! ¡Aquí!
Era su voz. Sí, sin duda lo era. Y con tal simplicidad, todas las inseguridades de unos minutos atrás se volvieron a su cuerpo junto con las lágrimas que aún no había llorado.
Estaba ahí abajo, lejos, pero ahí estaba, con su mejor sonrisa como siempre, esa sonrisa que devolvía la vista a los ciegos y cegaba al mismo tiempo.
- Venga, salta, valiente.
Estaba allí, al borde del precipicio, saltar era fácil, aunque seguía siendo arriesgado. Tomó aire. arrastró los pies lentamente. Le miró. Y saltó, o más bien se dejo caer, con la sensación de seguridad de que él la recogería.
lunes, 26 de mayo de 2014
En los días de autodestrucción
"Hay cosas que tenemos que aprender,
yo a mentir y tú a decirme la verdad,
yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad,
tú a morir y yo a matar."
Dime, ¿para qué hablar de lo que pudo haber sido y de lo que jamás será, tratando de adivinar qué fue eso que hicimos tan mal? yo a mentir y tú a decirme la verdad,
yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad,
tú a morir y yo a matar."
Si, en fin, se trata de morir o de matar.
domingo, 4 de mayo de 2014
No se puede dedicar el alma a acumular intentos
Desde el principio sabía como iba a ser esto, es algo de lo que me di cuenta el primer día que te conocí.
Pero como todo, lo omití y lo deje de lado: ya pensaré las consecuencias después, me dije. Sabía como iba a ser este momento, pero aún así no lo hace más agradable, solo confirma una y otra vez que las primeras intuiciones y, muchas veces, los sentimientos irracionales, son los más reales. Pese a todo, sé que habrá una próxima y volveré a caer, una y otra vez.
Y es que hay algunas cosas que a pesar de hacernos daño, o doler, que a veces es lo mismo y a veces no, no queremos olvidar. Otras querríamos olvidarlas y están grabadas a fuego en la memoria, tatuadas con lágrimas en las mejillas, esculpidas en las arrugas de la frente. Yo no quiero olvidar que hay mañanas que amanecen mejor, ni quiero olvidar por qué. No quiero olvidar que hay ojos que no necesitan mirar para contar porque se adivinan en la distancia. No quiero olvidar que el amor existe, y que a veces el amor duele tanto como el desamor, o incluso más. No quiero olvidar algunos besos, algunos lugares, algunos amaneceres, algunas personas. No quiero olvidar una risa infantil, ni el primer adiós. Solo quiero olvidarte a ti, y no por siempre.
Pero como todo, lo omití y lo deje de lado: ya pensaré las consecuencias después, me dije. Sabía como iba a ser este momento, pero aún así no lo hace más agradable, solo confirma una y otra vez que las primeras intuiciones y, muchas veces, los sentimientos irracionales, son los más reales. Pese a todo, sé que habrá una próxima y volveré a caer, una y otra vez.
Y es que hay algunas cosas que a pesar de hacernos daño, o doler, que a veces es lo mismo y a veces no, no queremos olvidar. Otras querríamos olvidarlas y están grabadas a fuego en la memoria, tatuadas con lágrimas en las mejillas, esculpidas en las arrugas de la frente. Yo no quiero olvidar que hay mañanas que amanecen mejor, ni quiero olvidar por qué. No quiero olvidar que hay ojos que no necesitan mirar para contar porque se adivinan en la distancia. No quiero olvidar que el amor existe, y que a veces el amor duele tanto como el desamor, o incluso más. No quiero olvidar algunos besos, algunos lugares, algunos amaneceres, algunas personas. No quiero olvidar una risa infantil, ni el primer adiós. Solo quiero olvidarte a ti, y no por siempre.
martes, 11 de marzo de 2014
Life is strange
Sin comerlo ni beberlo te ves en mitad de un túnel. Sin saber qué dirección tomar, sin saber qué camino es el más corto, sin saber cuál es el final correcto. No se ve luz en ningún extremo y la duda eterna te lleva de la mano.
Mientras tanto, ves como el barco zarpa, todo lo mundano se hace divino y lo divino banal, y tú ahí sigues. En medio, quieta, paralizada, estancada, con un punzón constante en la cabeza de preguntarte mucho y muy fuerte: por qué.
Mientras tanto, ves como el barco zarpa, todo lo mundano se hace divino y lo divino banal, y tú ahí sigues. En medio, quieta, paralizada, estancada, con un punzón constante en la cabeza de preguntarte mucho y muy fuerte: por qué.
viernes, 14 de febrero de 2014
Los puzzles no existen
La esperanza aparece como algo que ilumina todo lo que antes eras incapaz de ver, sorprende tanto que te deja paralizado observando todo aquello que no podías apreciar, te deja tan asombrado que terminas por creer que lo que acabas de ver tiene que estar siempre así, contigo. Pero al final no deja de ser una vela, la luz cada vez se hace más tenue y finalmente la esperanza se convierte en un puente para tirar adelante, no en el modo de vida.
Nada de lo que se veía era tan perfecto, era una cuestión de esperar a entender aquello que las pupilas dilatadas no te dejaban ver.
En ocasiones necesitamos una pausa, ese momento ha llegado. Stop. Un minuto de silencio por todos los planes que quedarán siempre por vivir. Respira profundo, lento pero sobre todo no pares de hacerlo. Coge papel y lápiz porque toca reescribir el guión. Con el estribillo constante, que ya nadie más te podrá quitar,
Nada de lo que se veía era tan perfecto, era una cuestión de esperar a entender aquello que las pupilas dilatadas no te dejaban ver.
En ocasiones necesitamos una pausa, ese momento ha llegado. Stop. Un minuto de silencio por todos los planes que quedarán siempre por vivir. Respira profundo, lento pero sobre todo no pares de hacerlo. Coge papel y lápiz porque toca reescribir el guión. Con el estribillo constante, que ya nadie más te podrá quitar,
no eras tú.
domingo, 26 de enero de 2014
Del regreso de los fantasmas
Por mucho que intentemos ignorarlas o negarlas, las mentiras caen por su propio peso nos guste o no.
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