lunes, 29 de octubre de 2012

Betrayal


       Durante nuestro desarrollo más temprano marcamos nuestros valores más profundos, aquellos que sustentarán la base de todos los demás. La relaciones que tengamos durante nuestros primeros años serán un esquema a seguir en las próximas que se den, siendo éste de alguna forma imposible de modificar en su parte más pura.
       Uno de los valores más importante a desarrollar es la confianza, ya que es una base fuerte y sana para todo lo que posteriormente germine en ella. El amor es una de esas emociones que ha de construirse sobre una confianza sólida y cristalina. Confianza en uno mismo, en tus amigos, en tu pareja, en tu familia.
       Existen muchas formas de hacer daño a alguien, se la puede insultar, se la puede vejar, humillar, incluso omitir, pero ninguna de estas torturas está a la altura de la traición, la mentira. La mentira corrompe nuestros esquemas más profundos, va directamente contra los pilares de todas nuestras emociones, es una bala de cañón directa a la confianza.
       Y yo cielo, hubiese puesto las manos en el fuego, hubiese dado mis piernas, mis brazos, mis pechos, mi cuello, mi cabeza, mi yo entero, yo entregaba mi alma si era cuestión de jurar nuestro vínculo, de sellar la confianza que tenía en ti. Pero pese a todas las certezas que se pueda tener sobre algo en este mundo finalmente nada es más real que lo onírico aquí. Tú me traicionaste, tú que me tenías en tus manos manipulable como un zapato de cristal, tú me corrompiste.
       Lo peor de esta traición es que se debe a la irrupción de una nueva estación, que ahora mismo eres inmune a mis palabras e insensible a mi dolor. No llegarás a comprender lo que realmente me has hecho hasta que el soplo de aire fresco deje de ser fresco, y cuando ese momento llegue te aseguro ya será tarde.
       Esa es la confianza que había desarrollado amor, ese era mi yo y esa era yo, yo era tú y tu eras yo, y para que engañarnos aún lo somos, aunque tú me hallas hecho odiarme ahora tal y como soy.