lunes, 29 de abril de 2013

Quise un final feliz y me quedé en el prólogo

        No quiero decir que tenga poderes sobrenaturales, ni que haya algo diferente en mí a los demás, no creo en un cosmos controlable, ni en los sextos sentidos. No quiero decir que por decirlo tenga que ser así, ni que los actos determinen lo indefinido. No trato de contar un cuento de ficción ni una película de esas que rasgan el corazón. No creo que los deseos de las horas se cumplan pero pese a todo los sigo pidiendo, quiero pensar que (aunque no quiera decir esto) tengo más poder sobre mí y el mundo que me rodea del que en realidad tengo, quiero engañarme a mi misma para poder ser funcional, para encontrar una dirección sin dudas donde yo determine lo que va a ocurrir. Es algo así como el aviso de las articulaciones de un ancianito adorable, hay veces que se sienten cosas como ciertas y no es que por el sentir crea en ello pero cuando la práctica dice que aciertas, hace que confíes en la intuición, en esa cosa difusa que a veces se nota, y no siempre es buena.
Y es que curiosamente parche y bache riman.

domingo, 28 de abril de 2013

Que se pierdan mis sentidos y se nuble tu mirada


       Un explanada. Nada, nadie. Tú sentada en el medio. Sola. Mirando todos los frentes, porque por algún lado tiene que venir. Es como una película de terror en la que la música inquietante empieza a sonar antes de cada susto. No logro que se calle. Me tapo los oídos y confío en que en un rato se vaya. Pasa el tiempo y ahí sigue. Sigo mirando, por algún lado tiene que venir y si lo sé yo antes que nadie no me asustaré. Aunque bien es cierto hay películas en las que la música te engaña y al final nunca pasa nada, era solo para inquietarte, para hacerlo más interesante. Ojalá mi película sea de esas. Yo, mientras tanto, seguiré esperando hasta que llegue el susto, me quede sorda, enloquezca o… Llegue el final de la película.


miércoles, 3 de abril de 2013

Los colores de una sombra

          Se vuelve algo difuso, como no perteneciente a ti. La conexión con el pasado se pierde si no fuese por las personas que se mantienen aún de él, no te encuentras a ti misma aunque sí a personas parecidas, puede. La base de la construcción se convierte cada vez más en un terreno arenoso, lleno de calina y sombras que recuerdan a "algo", indefinido, borrado puede que con intención.
         En el fondo es lógico porque me reflejaba en, no era en mi misma. El espejo se ha roto (¿acaso un espejo se puede pegar?) y te mueves a tientas en busca de una imagen certera de ti. Y viene el pánico inmeso a encontrar mi reflejo. Los espejos rotos traen mala suerte, no se soportan más.

¿A dónde coño te has ido, pasado? A donde pertenezco.