Y yo pensé que había pensado que por mucho que quisiera ya
no podría tener nunca jamás aquellos instantes cálidos, en aquel banco, a
aquella hora y en aquellos años. Pensé que había pensado que lo iba a echar
tanto de menos que me costaría demasiado soportarlo, pensé que había llorado y
reído por el mismo motivo a lo largo de todo un verano. Pensé que había pensado
que las cosas no se repiten y que nunca te vuelven a hacer daño, pero como no,
me había equivocado, y sin darle muchas más vueltas pensé que tal vez no eran
esas sus intenciones, que entre tantos bancos y tantos llantos podría haberse
vislumbrado un poco de realidad, de cariño o simplemente de amistad. Pensé que
había pensado que hasta la bondad existía y así omitía todo lo que en su
definición no cabía. Pensé que había pensado que el odio me inundaría y que si
alguna vez en algún momento tuviera que volver a ver, a sentir, aquel
esperpento mi corazón se rompería en mil pedazos y no habría manera posible de volver
a pegarlos. Pero resulta que estaba sentada en un banco, en el mismo, y pese a
todo lo pasado el sol seguía ahí, calentando. Podía reír y llorar, y de hecho
lo hago, podía ver su esperpéntico rostro y no sentir nada, y así concluí que
todo esto me pasaba por seguir pensando.
![]() |
Pensamiento
|

No hay comentarios:
Publicar un comentario