Entre unos maravillosamente desesperanzadores Dorian tomas la decisión. A partir de aquí nada de lo que decidas borrará lo que hiciste, y lo que ocurra no será elegido por ti. Cuenta los segundos, mientras tu presión sanguínea aumenta, hasta que salga de tu boca. El gran dilema moral que acaba de explotar aplicará su propia justicia.
Tú, siéntate aquí a esperar.
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